Global Public Square (GPS) en París

Alrededor de 2009, un día vi que mis hijas estaban viendo un programa de televisión que se llamaba Bridezillas, un programa de muy baja calidad, con situaciones extremas y de muy mal gusto. Pensé que era una muy mala influencia para ellas y decidí cancelar el servicio de televisión por cable.

A partir de ese año ya no tuvimos servicio de cable en casa. Creo que fue una muy buena decisión; también nos desintoxicamos de tantos comerciales cuyo nivel intelectual, en su mayoría, me parecía bajo.

Sin embargo, uno de los pocos programas que realmente me gustaba era el programa dominical Global Public Square (GPS), de Fareed Zakaria, un periodista con un punto de vista muy equilibrado sobre los acontecimientos mundiales, así como sobre temas de innovación.

Fareed Zakaria ha ganado tres premios Emmy por su trabajo en televisión. Volodímir Zelenski, el presidente de Ucrania, le otorgó la Orden al Mérito en 2022. Ha entrevistado a muchos presidentes, incluyendo a Obama; también entrevistó al Dalái Lama, al presidente iraní Hasán Rohaní y a muchas otras personalidades del mundo, tanto políticas como de negocios.

Al cancelar el servicio de cable yo no podía ver su programa y, afortunadamente, de manera muy innovadora para ese año, su programa estaba disponible en streaming por internet por una pequeña cuota mensual. Así fue como pude seguir viéndolo.

En el verano de 2019 nos fuimos a Europa con Cristina y Carolina; Javi no pudo acompañarnos en esa ocasión, desafortunadamente.

Estando en París, fuimos a visitar Sainte-Chapelle, la capilla real muy cerca de la iglesia de Notre-Dame. Sainte-Chapelle es una capilla relativamente pequeña cuyas paredes son, básicamente, de vidrio en color azul oscuro, rojos y muchas otras tonalidades. Fue construida en el siglo XIII.

Subimos unas escaleras muy angostas para llegar al primer piso y poder ver los ventanales, que son realmente impresionantes. En eso volteo y digo: «Hey, Fareed, how are you doing?».

Fareed voltea y contesta: «Hey, how are you?». Me acerqué a saludarlo; me extendió la mano y le comenté que su trabajo era admirable, que era un gran profesional.

Me agradeció mucho y vi que Carolina estaba sorprendida, pues no sabía quién era ni qué estaba pasando.

¡Por supuesto nos tomamos la foto de rigor! La gente alrededor empezó a notar el evento y a reconocer de quién se trataba; recibió varias felicitaciones, pero solo yo me tomé la foto.

Mis hijas me preguntaron: «¿Quién es ese señor?».

—Es un amigo que tenía tiempo de no verlo— les contesté.

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