Tanto mi papá como mi mamá son originarios del pueblo de El Oro, Estado de México. Este pueblo se encuentra ubicado a 160 km de la Ciudad de México. Tiene la característica de que fue un centro minero muy importante de extracción de oro, inicialmente por compañías inglesas en 1820.

El “boom” de este lugar sucedió de 1896 a 1925, cuando una empresa, El Oro Mining and Railway Company, con capital inglés y estadounidense, explotó una de las vetas más productivas del mundo en su época. Las líneas telefónicas y la electricidad llegaron antes que a muchas otras ciudades del país, así como la línea ferroviaria más larga del país.
La situación económica tanto de la familia de mi papá como de la de mi mamá fue bastante humilde durante sus infancias. «Algún día voy a ganar más dinero para poder comer hartos frijoles», diría mi papá a su mamá de niño.
El Oro tiene un lago artificial formado por la presa Brockman, construida en la misma época. El lugar ha sido por muchos años un sitio ideal para hacer día de campo y pasar tiempo en familia.
Cuando mi papá era muy pequeño, desde la presa Brockman observaba a lo lejos y se preguntaba: «¿Qué hay detrás de todos esos cerros?»


Fast forward: a principios de los años 60, mis papás se encuentran viajando por varias ciudades de los Estados Unidos. En las fotografías, frecuentemente mi mamá salía con un “trajecito rosa”, un traje que era la moda impuesta por Jacqueline Kennedy.
En 1963 van por primera vez a Europa. Hay algunas fotografías en Alemania, junto al río Rin, muy características. Federico y yo visitamos ese mismo lugar en 1982 y, más tarde, en 2019, llevaría a mis hijas como homenaje al recuerdo de esa experiencia.



Colisión cultural, 1966
En 1966, en Las Vegas, mis papás van a un show. Hay mesas pequeñas en las que caben pocas personas. Mi mamá, accidentalmente, tira un vaso de agua y moja a una señora joven que estaba en la mesa con su pareja, sensiblemente mayor que ella.
Se disculpan por el incidente y empiezan a conversar. Termina el show y John Boudreau y su esposa Karlon los invitan a ir a su cuarto a tomar una copa, y así nace una gran amistad. Los invitan a ir a Los Ángeles, a su casa. Estando allí les proponen ir a Disneylandia, pero mi mamá dice que prefiere ir con toda la familia. Por eso, en 1967 fue que fuimos toda la familia por primera vez allí.
John Boudreau y Karlon presentaron a mis papás con su grupo numeroso de amigos; conocieron a muchas parejas. Resultaron visitas muy frecuentes a Los Ángeles. John era un gran anfitrión: ponía, literalmente, una alfombra roja larga en la entrada cuando mis papás llegaban a su casa.
En una ocasión en que llegaron a un hotel, John, sin que se dieran cuenta, sacó todas sus cosas y los mudó a su casa; tenían prohibido no hospedarse con ellos.

John Boudreau era un músico destacado; era el director de la banda de los Los Angeles Rams y había compuesto la marcha oficial del equipo. En 1967 nos invitaron a ver un juego de fútbol americano desde la banca.
Francisco, mi hermano, fue invitado como director de la orquesta a tocar durante el medio tiempo. Esto fue en el estadio Los Angeles Memorial Coliseum. John le dio instrucciones: «Sólo haz como que estás dirigiendo; mis muchachos ya saben lo que tienen que hacer».


Yo no entendía absolutamente nada del juego. Tenía seis años. Recuerdo que, al estar sentado en la banca, mis pies no alcanzaban el suelo.
Empezaron a pasar enfrente de nosotros las bastoneras de los Rams, lo que más tarde serían las porristas. Iban vestidas de forma muy llamativa, pero con mucha más ropa de la que hoy se acostumbra. Con claridad recuerdo que pensé: «No sé por qué, pero esto me gusta».
En 1968 Francisco se queda unos días en casa de John y Karlon. Karlon era una señora joven, muy guapa, a la que le gustaba siempre estar muy arreglada. Francisco tenía 14 años; a veces bromeo con él que seguro pensaba en la película El verano del 42.
Era la época de toda la música de finales de los 60 en California: la onda hippie, “love and peace”, todos los grupos musicales que se volvieron clásicos de esa época. En casa empezamos a escuchar a The Mamas & the Papas, The Doors, Creedence Clearwater Revival, Carole King, así como Dionne Warwik – Do You Know the Way to San Jose

El soundtrack de nuestras vidas se modificó completamente; es por eso que para mí la música de Burt Bacharach es particularmente muy significativa.
Toda esa época la vivimos en la familia cuando estaba sucediendo; no fue algo que conociéramos años más tarde.
En 1970 hubo una segunda ola de impacto cultural, cuando mis papás se fueron a Europa con mis hermanos mayores y, en una grabadora de casetes, trajeron consigo la ola europea: música de Shocking Blue con “Venus” y canciones de Tom Jones. La música, las imágenes, nuevas perspectivas de un mundo más amplio, un mundo con mayores posibilidades.
Mis padres salieron de su pueblito. Yo me llegué a preguntar si yo también tenía que salir de mi “pueblito”. Hoy vivimos en Houston; Carolina y Cristina, en Austin, Texas, y Javi, en Sídney, Australia.
Tengo un sobrino que vive en California y una sobrina en Holanda. Mis hermanos y nuestros hijos hemos viajado mucho y conocido muchas ciudades del mundo, y sí: existían muchas cosas más allá, detrás de esos cerros que mi papá se atrevió a explorar.

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