En 1969 mis padres me inscribieron a la Liga de Beisbol Olmeca, por influencia de sus amigos los señores Mann; Alfonso y Maria Elena, su hijo Alfonso ya jugaba allí. Mi padre fue muy aficionado al “Beis” de joven y le causaba mucho entusiasmo que yo fuera a jugar.
La liga estaba ubicada entre Av. Universidad y Miguel Angel de Quevedo en el sur de la Ciudad de México, poco tiempo después fue reubicada en una zona conocida como La Barranca del Muerto.
Yo no tenía idea alguna de qué se trataba el juego, al principio me causaba angustia no saber qué hacer y además no ayudaba mucho que mis compañeros me hacían burla cada vez que iba mi turno al bat gritaban; “Romeo y Julieta”, por mi apellido Romero, a los 8 años todo esto me provocaba confusión.
Mi posición en el equipo era left fielder, porque en las ligas menores , a esa edad, la probabilidad de que llegara la bola al left field era prácticamente nula, en otras palabras era la posición para el peor jugador de todo el equipo. Por supuesto también tenía el noveno turno al bat, por la misma razón!


Pasaron los años y fui creciendo, en 1973 ya era el cuarto turno al bat, es decir para el mejor bateador del equipo y jugaba la posición de catcher en la que destaqué tanto que ningún manager (así les llamábamos) me dejó cambiar de posición.
Mi porcentaje de bateo era muy bueno y cada vez me divertía más por que veía el impacto que tenía en los resultados del equipo así como el reconocimiento de mis compañeros y sus papás.
Un día llego al equipo David Braverman, un compañero realmente muy entusiasta, ponía un gran empeño en cada momento, participaba en todo y era muy bueno jugando. Fue la primera vez que identifiqué que se puede ser especial, tenía toda mi admiración. Jugaba tan bien que el manager nos puso a concursar para ver si me reemplazaba como catcher, nunca había vivido una competencia tan directa, afortunadamente durante las pruebas tuve mejor desempeño que él pero reconozco que no fue por mucho.
Nos disputábamos continuamente entre él y yo el mejor porcentaje de bateo de la división, cada semana se publicaban los resultados, llegábamos corriendo a revisar el pizarrón de avisos y validar quién era el líder. A pesar de mi buen desempeño nunca había podido “volar la barda” es decir hacer un Home Run auténtico.
Un día soleado, en el campo que tenía una vista a las paredes de la barranca, estando al bat, el pitcher me lanza una bola muy rápida, hago el swing y veo como la bola sale del campo! , como coach de primera base estaba David Braverman, al pasar corriendo me grita dando de brincos “te la volaste, te la volaste” estaba realmente contento, era mi gran amigo.
Al pasar los años ocasionalmente me preguntaba que habría sido de David, un día en 2023 más o menos, veo a un comentarista de deportes en televisión, su nombre David Braverman y estaba comentado sobre juegos de beisbol, tenía que ser él.
Conseguí su email y le escribí, me confirmó que sí era él, me mencionó el nombre de muchos de nuestros compañeros, le compartí el recorte del boletín de la liga en donde se menciona que ese fin de semana tanto él como yo dimos de home run, así como la fotografía del equipo en donde estamos los dos. Me escribe; “me has sacado las lágrimas con tantos recuerdos, te agradezco tanto”
Al leer con detenimiento veo que en ningún momento hace referencia a las experiencias mutuas y a pesar de la fotografía no hace comentario alguno sobre de ella.
Han pasado casi 50 años y tristemente David no me recuerda…
P.S. Al terminar de revisar este artículo busqué en internet y me he enterado que David murió en 2025 🙁


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